En un sector donde las mujeres siguen siendo minoría, Jordina Torrents trabaja para que la tecnología tenga más sentido y más impacto social. Es ingeniera informática, doctora en inteligencia artificial y lidera equipos internacionales en HP Inc., donde desarrolla soluciones basadas en IA. Además, compagina su labor en la empresa con la docencia universitaria y la investigación.

Su trayectoria rompe con muchos de los tópicos asociados a las carreras tecnológicas. Ha pasado por la investigación académica y por la empresa privada, ha desarrollado tecnología aplicada a la medicina con resultados reales, y defiende una informática que no se queda en lo técnico, sino que dialoga con la sociedad.

Pero esta entrevista no habla solo de currículum. Habla de vocaciones, de esfuerzo, de desigualdades que no siempre se ven, de liderazgo y de referentes. Y también de por qué la ingeniería informática puede —y debe— ser un espacio donde las mujeres estén, decidan y transformen.

  1. Dices que nunca sentiste que la informática no fuera para ti, aun siendo casi la única chica en clase. ¿De dónde crees que sale esa seguridad interior y cómo se construye cuando el entorno no acompaña?

Nunca sentí que la informática no fuera para mí porque, desde muy pronto, lo que me movía era la curiosidad. Cuando estás intentando entender cómo funciona algo o resolver un problema interesante, de alguna manera dejas de preguntarte si “perteneces” o no a ese lugar.

Es verdad que muchas veces era la única chica en clase, pero yo lo vivía más como una cuestión estadística que identitaria. Mi relación con la tecnología venía de la fascinación por las matemáticas y por construir cosas que antes no existían. Esa motivación era más fuerte que cualquier sensación de no encajar.

Creo que esa seguridad interior se construye de varias maneras: con curiosidad, con personas que creen en ti —profesores, familia, mentores— y también con pequeños logros que te demuestran que puedes aportar valor. Cuando empiezas a ver que tus ideas funcionan, tu identidad profesional se consolida más allá del entorno.

Por eso también es tan importante que hoy existan más referentes visibles: no porque antes no los hubiera, sino porque muchas veces eran invisibles.

  1. Compaginaste ingeniería informática con el conservatorio de violín, durmiendo poco y llegando tarde a todo. Mirando atrás, ¿qué te enseñó esa etapa sobre el esfuerzo, los límites… y sobre ti misma?

Mirándolo ahora, creo que esa etapa me enseñó algo muy valioso: que la disciplina no está reñida con la creatividad. Estudiar ingeniería informática y, al mismo tiempo, formarme en el conservatorio de violín me obligó a desarrollar una organización casi quirúrgica del tiempo, pero también a cambiar constantemente de lenguaje mental.

La música te entrena en algo muy parecido a lo que haces en ciencia o en tecnología: repetir, equivocarte, ajustar pequeños detalles hasta que algo finalmente “encaja”. Un algoritmo que funciona y una pieza que suena bien comparten más de lo que parece: ambos requieren paciencia, sensibilidad al detalle y muchas horas de práctica invisible.

También me enseñó algo importante sobre los límites. Durante esos años dormía poco y llegaba tarde a todo, pero entendí que cuando algo realmente te apasiona encuentras una energía que no sabías que tenías. Con el tiempo, eso sí, también aprendes que la sostenibilidad es parte del éxito: no se trata solo de llegar lejos, sino de poder seguir disfrutando del camino.

Y quizá lo más importante que descubrí sobre mí misma es que necesito ese equilibrio entre lo analítico y lo creativo. La tecnología me da las herramientas para construir cosas nuevas y la música me recuerda por qué merece la pena hacerlo.

  1. Tu profesor de violín te dijo que no te “quedaras solo con la música”. ¿Qué le dirías hoy a una chica que siente que tiene varias pasiones y le dicen que debe elegir solo una?

Le diría que no tenga prisa por reducirse a una sola cosa. Durante mucho tiempo nos han enseñado que para ser buena en algo hay que elegir un único camino, pero muchas de las ideas más interesantes nacen precisamente en la intersección entre disciplinas.

En mi caso, la música y la tecnología no eran mundos opuestos: entrenaban habilidades diferentes que luego se reforzaban entre sí. La música te enseña sensibilidad, disciplina y escucha; la ingeniería te enseña a estructurar problemas y construir soluciones. Juntas te dan una forma más rica de mirar el mundo.

También es verdad que en algunos momentos tendrás que priorizar, porque el tiempo es limitado. Pero priorizar en una etapa no significa renunciar para siempre a una parte de ti.

Así que más que elegir entre pasiones, lo importante es no perder la curiosidad por ninguna de ellas. A veces no sabes cuál será la combinación que, años después, acabará definiendo tu camino.

  1. Trabajas en inteligencia artificial aplicada a salud, industria e impresión. Si tuvieras que explicarle a una niña para qué sirve realmente la informática, ¿qué ejemplo le pondrías para que conecte con su vida y con lo que le importa?

Le diría que la informática es como enseñar a las máquinas a ayudarnos a resolver problemas del mundo real. No se trata solo de ordenadores o código, sino de encontrar formas nuevas de mejorar cosas que nos importan.

Por ejemplo, le pondría el caso de los médicos: hoy podemos usar inteligencia artificial para analizar imágenes médicas y ayudar a detectar enfermedades antes o con más precisión. Es como darle al médico una lupa muy potente que le ayuda a ver detalles que a veces son difíciles de detectar a simple vista.

Pero también pasa en muchos otros lugares: en las fábricas para evitar errores, en la impresión para crear productos más personalizados o incluso en el día a día cuando una aplicación entiende lo que buscamos.

Así que, si tuviera que explicarlo de forma sencilla, le diría que la informática sirve para construir herramientas inteligentes que nos ayuden a entender mejor el mundo y a cuidar mejor de las personas.

  1. Has vivido situaciones sutiles de desigualdad: que te interrumpan, que cueste más que te escuchen. ¿Cómo se aprende a alzar la voz sin dejar de ser una misma?

Creo que primero aprendes a reconocer esas situaciones. Muchas veces son muy sutiles: interrupciones, ideas que pasan desapercibidas hasta que alguien más las repite… y durante un tiempo incluso dudas de si lo estás interpretando bien.

Con los años he aprendido que alzar la voz no significa cambiar quién eres ni adoptar un estilo que no te representa. Significa, sobre todo, dar valor a tus propias ideas y defenderlas con claridad. A veces es tan simple como terminar una frase que alguien ha interrumpido o volver a poner una idea encima de la mesa.

También ayuda mucho construir entornos donde escucharse sea parte de la cultura del equipo. Cuando tienes espacios donde las personas se sienten cómodas compartiendo ideas, el talento aparece con más facilidad.

Y algo que me parece importante: cuando consigues esa seguridad, también puedes usarla para abrir espacio a otras voces que quizá todavía no se sienten tan seguras. Al final, levantar la voz no es solo hablar más alto, sino ayudar a que más gente pueda ser escuchada.

  1. Dices que el sector TIC se pierde creatividad, empatía e inteligencia emocional por la falta de mujeres. ¿Qué errores crees que se cometen cuando la tecnología se diseña sin diversidad?

Cuando la tecnología se diseña con equipos poco diversos, el principal problema es que el punto de partida es más limitado. Todos tenemos sesgos, experiencias y formas de mirar el mundo que influyen en cómo definimos un problema y en las soluciones que imaginamos.

Si los equipos son muy homogéneos, es más fácil que ciertas preguntas simplemente no aparezcan: ¿para quién funciona realmente esta tecnología?, ¿qué casos de uso estamos olvidando?, ¿a quién puede dejar fuera?

En inteligencia artificial esto es especialmente evidente. Los sistemas aprenden de datos y de decisiones humanas, así que si quienes los diseñan no representan bien la diversidad de la sociedad, es más probable que se introduzcan sesgos o que se pasen por alto necesidades reales de muchas personas.

Por eso la diversidad no es solo una cuestión de equidad, sino también de calidad tecnológica. Los equipos diversos tienden a hacer más preguntas, a detectar problemas antes y a diseñar soluciones que funcionan para más gente. Al final, cuando incorporas miradas distintas, lo que obtienes no es solo tecnología más justa, sino tecnología mejor pensada.

  1. Tu tesis ayudó a mejorar cirugías que pueden salvar la vida de bebés. ¿Recuerdas el momento en que pensaste: “lo que hago importa de verdad”?

Recuerdo claramente un momento durante mi tesis cuando estábamos probando un algoritmo que ayudaba a planificar cirugías muy complejas en recién nacidos. Estaba acostumbrada a ver los resultados en forma de gráficos y métricas, como cualquier otro experimento académico, pero ese día uno de los médicos me dijo: “Si esto funciona como esperamos, puede cambiar la manera en que operamos y salvar vidas”.

En ese instante sentí una mezcla de asombro y responsabilidad. Comprendí que detrás de cada dato y cada línea de código había vidas reales y familias que podían depender de ese trabajo. No era solo un avance teórico, ni un logro académico: era algo que podía marcar una diferencia tangible. Fue un momento en el que conecté de forma muy directa mi pasión por la investigación con la importancia humana de lo que estaba haciendo.

Desde entonces, esa sensación me acompaña en todos los proyectos que emprendo. Cada algoritmo, cada modelo o cada prototipo que desarrollo intento pensarlo no solo como un desafío técnico, sino como una herramienta que pueda mejorar vidas, ya sea en salud, industria o educación. Ese momento me enseñó que la ciencia y la tecnología tienen un valor profundo cuando logran impactar el mundo real, y que esa es la verdadera motivación para seguir investigando y creando.

  1. Hoy lideras equipos internacionales en HP. ¿Qué tipo de jefa intentas ser y qué cosas tienes claras que NO quieres repetir de otros liderazgos que has visto?

Intento ser una jefa que combina expectativa y acompañamiento: alguien que marca un rumbo claro y exige excelencia, pero que al mismo tiempo escucha, entiende las dificultades y facilita que cada persona pueda dar lo mejor de sí misma. Para mí, liderar no es solo supervisar, sino crear un entorno donde los equipos internacionales se sientan motivados, seguros y valorados.

Algo que tengo muy claro que no quiero repetir de otros liderazgos que he visto es la falta de transparencia y de comunicación: equipos brillantes pueden frustrarse si no saben por qué se toman decisiones o si sienten que sus ideas no tienen espacio. Tampoco quiero replicar estilos rígidos donde la autoridad se ejerce imponiendo miedo o exclusión; creo firmemente que la motivación auténtica surge de la confianza, la colaboración y el reconocimiento del esfuerzo.

En definitiva, busco un liderazgo que inspire curiosidad, fomente la creatividad y valore la diversidad: porque equipos donde cada voz se escucha y cada talento se potencia son los que generan soluciones más innovadoras y sostenibles.

  1. Reivindicas que no hay que ser un genio para dedicarse a la informática. ¿Qué daño crees que ha hecho el mito del “cerebrito” a las vocaciones femeninas en tecnología?

Creo que el mito del “cerebrito” ha sido muy dañino porque transmite la idea de que la informática y la tecnología son territorios solo para personas con un talento innato extraordinario, y no para quienes tienen curiosidad, perseverancia y ganas de aprender. Eso crea una barrera invisible: muchas chicas que podrían sentirse atraídas por la tecnología se sienten “no suficientemente buenas” antes de empezar siquiera a intentarlo.

Ese mito también refuerza estereotipos sobre quién encaja en la informática: si solo se valoran los logros extraordinarios de unos pocos, se invisibiliza el trabajo constante, la colaboración y la creatividad, que son igual de esenciales en el desarrollo de soluciones tecnológicas. En realidad, la tecnología avanza gracias a equipos diversos donde diferentes habilidades y formas de pensar se complementan.

Por eso reivindico que no hay que ser un genio para dedicarse a la informática. Lo que realmente importa es la curiosidad, la constancia y el deseo de resolver problemas. Si conseguimos transmitir eso, más niñas verán la tecnología como un espacio donde pueden contribuir y crecer, y no como un club exclusivo al que “solo algunos” pueden entrar.

  1. Si una chica que te lee ahora mismo duda si estudiar una carrera tecnológica porque siente que no va a encajar, ¿qué mensaje te gustaría que se llevara de tu historia?

Le diría que no deje que la percepción de “no encajar” defina su camino. Yo también fui casi la única chica en clase de informática, pero lo que realmente importa no es cumplir con un estereotipo, sino seguir la curiosidad y la pasión por lo que te interesa.

Mi experiencia me enseñó que la confianza se construye trabajando, equivocándose y viendo que tus ideas y tu trabajo tienen valor. No necesitas ser “un genio” ni cumplir con ninguna imagen predefinida para triunfar en tecnología: lo que marca la diferencia son la perseverancia, la creatividad y la capacidad de aprender constantemente.

Así que mi mensaje sería: atrévete a explorar tus intereses, incluso si parecen distintos o difíciles, y confía en que puedes contribuir de manera única. Tu perspectiva y tu talento son valiosos, y la tecnología necesita exactamente eso: diversidad de ideas y de personas.