Especializada en Seguridad, Inteligencia y Estudios Estratégicos, Andrea García Rodríguez investiga actualmente sobre el uso de las tecnologías emergentes para mejorar la gobernanza urbana. ¡Descubre más sobre su trayectoria!


Cuéntanos, ¿Cómo llegaste a CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs)? ¿En que se centra tu investigación de las tecnologías emergentes y disruptivas?

Recuerdo que cuando se declaró el estado de alarma yo vivía en República Checa. Las cosas se ponían “feas” y decidí hacer una mudanza exprés a Madrid. Desafortunadamente, el confinamiento se alargó más de lo previsto y después de tanto tiempo no tenía sentido volver a Praga. Mientras tanto un seguidor en Twitter me “etiquetó” en un tweet de CIDOB en el que se ofertaba una vacante para investigación en Barcelona y apliqué. Con toda la incertidumbre pandémica entendí que me quedaría en España un tiempo. Había que mover ficha.

Cuando llegué a CIDOB comencé a trabajar en la pata digital del Programa Ciudades Globales. Barcelona es una de las ciudades más “transformadas” digitalmente y poder, desde mi papel como investigadora en un think tank, aprender de la ciudad y contribuir a una digitalización ética y más justa supuso un reto desde el principio. 

En mis estudios me especialicé en ciberseguridad, pero siempre he entendido el entorno “cíber” como un campamento base desde el cual se desarrollan otras tecnologías con gran valor social y estratégico. Terminé mi paso por la universidad con un estudio sobre el impacto estratégico de la computación y las comunicaciones cuánticas, pero también había “coqueteado” con la Inteligencia Artificial desde el punto de vista de la seguridad, la interacción humano-máquina, y la ética. En CIDOB me dedico a traducir los avances en estas tecnologías claves para que los poderes públicos y el público en general puedan entender su impacto y actuar conforme a ello, ya sea mediante la gobernanza, la regulación, o la adopción de medidas a título individual.

¿En qué punto del proyecto y de la investigación estáis ahora? ¿Cuáles son tus próximos objetivos?

El 1 de julio presentamos en CIDOB el Observatorio Global de Inteligencia Artificial Urbana, una iniciativa conjunta con los ayuntamientos de Barcelona, Londres, y Ámsterdam dentro de la Coalición de Ciudades por los Derechos Digitales. Me encargaré de la investigación del Observatorio desde donde trataremos de ofrecer un marco ético para la investigación del impacto de las diferentes soluciones de inteligencia artificial que utilizan las ciudades. Es un proyecto tremendamente necesario y útil: si todo el mundo habla de la IA ética es porque nadie está de acuerdo realmente de qué se trata. No hay consensos globales sobre lo que es, ni acuerdos generales de cómo desarrollar IA de manera ética o utilizarla. El Observatorio pretende reflexionar sobre ello y armonizar criterios. Pronto comenzaremos a investigar más profundamente sobre el impacto del reconocimiento facial en las ciudades y publicaremos un Atlas que será un lugar de referencia para saber qué se está haciendo en las ciudades.

Estudiaste el Grado en Relaciones Internacionales y después el Máster Internacional (IntM) en Seguridad, Inteligencia y Estudios Estratégicos. ¿Qué te hizo interesarte por este ámbito?

En Relaciones Internacionales aprendí que el mundo era mucho más complejo de lo que pensaba y que, por ello, las personas deberíamos dejar de ser unidisciplinares y abrazar la multidisciplinariedad. Aprendí las dinámicas políticas, económicas, históricas, sociales y regulatorias de un mundo en marcha y ello me ayudó a salir con una noción general de qué es lo que está pasando de manera transversal. Apostar por un máster multidisciplinar, pero basado en tecnologías emergentes y disruptivas, me ayudó a ahondar en la transformación tecnológica del mundo y de la propia sociedad desde esa multidisciplinariedad. Además, fueron dos años viajando por Europa y empapándome de diferentes maneras de abordar lo tecnológico y de los diferentes retos que tiene la sociedad. Los retos a los que se enfrenta Polonia no son en nada parecidos a los que pude ver en Reino Unido y las iniciativas de cooperación y conflicto que surgen de ellos son igualmente diferentes. De hecho, fueron mis casi dos años y medio en Centroeuropa (casi dos en Praga y unos meses en Cracovia) los que me hicieron conocer la iniciativa de los Tres Mares, que en materia digital tiene muchas lecciones trasladables a la franja Euromediterránea.

Eres parte del Comité del Foro Europeo de Ciberseguridad (CYBERSEC), ¿Qué se promueve desde esta organización? ¿Cuál es su objetivo?

Entré a formar parte del Foro Europeo de Ciberseguridad en 2020 y renové el mandato (que es anual) en marzo de 2021. El Foro tiene como misión trabajar por un ciberespacio abierto, libre, y seguro. Reúne dos veces al año a líderes políticos, de organizaciones internacionales, académicos, y empresas tecnológicas para discutir un tema de máxima actualidad desde la perspectiva de la defensa, las relaciones internacionales y la diplomacia y los negocios. Este espacio de unión y de reflexión sirve de plataforma para conectar a autoridades y expertos, respetando la perspectiva multidisciplinar y transatlántica, y siempre deja espacio para la discusión del impacto de las tecnologías emergentes y disruptivas. Ello hace del Foro un espacio único y muy relevante.

Vas a impartir un curso llamado «Asia contra el cambio climático: ecología y tecnología», siguiendo esta línea. ¿Cómo crees que puede ayudarnos la tecnología con la crisis climática?

Es el segundo curso que imparto con Casa Asia y me hace mucha ilusión poder seguir poniendo temas sobre la mesa tan relevantes como el que vamos a tratar este verano. Es un hecho que el cambio climático existe y que va a transformar nuestras prioridades. La tecnología puede ser un aliado clave para reorganizar nuestras estructuras antes de que sea demasiado tarde, tomar mejores decisiones, y organizar los recursos de manera más eficiente. No obstante, no nos podemos olvidar de que la tecnología también impacta negativamente sobre el medioambiente. Los centros de datos, la basura electrónica, los procesos de minado de componentes esenciales… 

Has recibido premios como el CYBERSEC Young Leader en 2019 o el reconocimiento de Brussels Forum Young Professionals otorgado por el German Marshall Fund de los Estados Unidos que pretende identificar a los líderes del mañana, ¿Qué ha supuesto este tipo de reconocimiento para ti a nivel profesional y personal?

El premio de CYBERSEC Young Leader fue realmente una sorpresa. Escribí un artículo para el European Cybersecurity Journal sobre quantum y me premiaron. Para mí fue el inicio de todo. Después del premio, comencé a colaborar con think tanks centroeuropeos, participé en el proceso OTAN 2030, como parte del grupo asesor de jóvenes líderes encargándome del subgrupo de tecnologías emergentes, y después de ahí al Brussels Forum… Todos los reconocimientos que he obtenido desde entonces me han demostrado la necesidad de que haya perfiles multidisciplinares pensando y desarrollando tecnología. Me sigue dando algo de pena, no obstante, que todos hayan sido fuera de España. Creo que aún nos queda mucho por hacer.

Háblanos de las referentes femeninas que has tenido, ¿Consideras que has tenido suficientes?, ¿Quiénes han sido?

Siempre que pienso en referentes femeninas pienso, de una manera u otra, en mi madre. Pero para mí en el campo de la tecnología, una de las mujeres con las que he trabajado y que se ha convertido en un espejo donde mirarme es Izabela Albrycht. Ella dirige el Foro Europeo de Ciberseguridad y hasta hace muy poco el Instituto Kosciuszko, un think tank multidisciplinar donde investigan sobre tecnologías emergentes y ciberseguridad. Esa fue mi primera parada en el mundo de la investigación y me encontré con un think tank tecnológico con muchas mujeres (jóvenes) y presidido por una que está, literalmente, en todo: en Davos, en OTAN, en DIGITAL EUROPE… También ha cofundado iniciativas como Women4Cyber y CYBERSEC, y ha conseguido hacerlo todo desde un país ultraconservador como es Polonia.

Impartes charlas, escribes para medios de comunicación y das entrevistas para divulgar sobre el uso responsable y ético de las tecnologías. ¿Qué conocimiento crees que tiene la ciudadanía sobre ello? ¿Sabemos realmente a que estamos expuestos?

Creo que poco a poco somos conscientes de los riesgos a los que estamos expuestos. Somos más celosos con nuestra privacidad, por ejemplo, pero aún queda mucho por hacer. Reclamar espacios privados en línea es un primer paso, pero no tenemos que quedarnos ahí. Creo que debemos crear espacios digitales justos donde no solamente sean privados por defecto (que no es generalmente el caso ahora mismo) sino donde se debata hasta qué punto queremos seguir avanzando tecnológicamente y cómo avanzar.

En el caso de la Inteligencia Artificial aún nos queda mucho por hacer. Si bien veo como una pequeña victoria que la palabra “privacidad” esté en boca de cada vez más personas no somos conscientes de lo que significa cuando va más allá de rechazar unas cookies o no compartir una fotografía de alguien sin su permiso. En el desarrollo y uso de la IA aún no tenemos normas lo suficientemente globales como para que haya una programación y uso ético por defecto. En las instituciones europeas va a comenzar a debatirse la propuesta de Ley de Inteligencia Artificial publicada en abril de 2021 pero hasta que se implemente aún pueden pasar un par de años. Mientras tanto, algunas empresas tienen directrices éticas y algunos gobiernos (sobre todo locales) empiezan a preocuparse por el tema—de ahí la creación de nuestro Observatorio. Pero es un tema que se está dando de arriba a abajo con la participación de la sociedad mediante activistas pro-privacidad sobre todo, pero aún no ha llegado al público general. Que el mundo físico y el digital son cada vez más indistinguibles es tan real como el cambio climático. Si queremos una sociedad justa, el uso ético y responsable de las herramientas digitales deberían formar parte de la sobremesa y de los currículos escolares.

Un consejo para las niñas y mujeres que están leyendo esta entrevista y que, como tú, quieran ser investigadoras.

Cread comunidades multidisciplinares de conocimiento sobre lo digital y no dudéis en mandar e-mails a vuestros referentes. Apoyaos en otras mujeres en tecnología y moveos mucho. No es fácil, pero merece la pena.

Algo que te defina: una palabra, una experiencia, un color, un verbo, un adjetivo, un estado de ánimo… y por qué.

“Calma”. Me lo repito a diario. Mi cabeza es siempre un huracán de ideas y, por lo general, tengo poca paciencia conmigo misma. Es mi otro trabajo: aprender a parar, respirar y obligarme a tomarme las cosas con calma.