Gabriela es cofundadora de EthicHub, diseñadora industrial y de producto, artista y escritora. Trabajó en la Secretaría de Desarrollo Económico en Chiapas, México, impulsando a PyMES del sector agrícola y también fue productora de café orgánico donde conoció de primera mano los retos locales. Desde 2017 apuesta por el blockchain como motor de cambio social y herramienta para avanzar en los ODS. Con esta visión, fundó junto a Jori Armbruster EthicHub, una plataforma que conecta a pequeños agricultores excluidos del sistema financiero con inversores de todo el mundo mediante blockchain y garantías colectivas, multiplicando el impacto social y mejorando la vida en comunidades rurales.
Hoy es un referente en inclusión financiera y economía regenerativa, demostrando que es posible generar prosperidad compartida y devolver la confianza al corazón de la economía local.
- Empezaste como diseñadora industrial, fuiste productora de café y hoy estás al frente de un proyecto de blockchain. ¿Cómo fue ese camino tan poco común?
Creo que las experiencias profesionales y personales se nutren recíprocamente. Al final la vida es un tejido que se enriquece con todas estas fibras que vamos entrecruzando.
Evolucioné del diseño industrial al diseño de servicios porque la estructura mental para analizar los problemas y para diseñar las soluciones es similar. La curiosidad y la pasión por lo que hago han sido el hilo conductor de mi carrera profesional. Es clave disfrutar de lo que hacemos y mantener una actitud de aprendizaje constante.Tanto el mundo del café -que me viene de familia-, como las nuevas tecnologías en las que ahora estoy inmersa, pueden vivirse siguiendo los caminos abiertos por otros, o como innovadores, abriendo nuevas rutas.

- ¿Qué es exactamente EthicHub y por qué crees que es un proyecto revolucionario?
EthicHub es un conector que aborda una de las mayores brechas en el comercio mundial: cómo 25 millones de pequeños agricultores que producen el 80% del café del mundo siguen excluidos de los mercados y certificados. Hemos repensado una cadena de suministros más eficiente y equitativa, donde se generan beneficios para todos los participantes. Inversores de todo el mundo pueden financiar la producción, procesamiento y comercialización de cafés de alta calidad, cultivados por millones de pequeños agricultores que eran prácticamente invisibles por su pequeña escala, y que ahora gracias a la tecnología, pueden acceder a financiación y mercados de valor añadido, promoviendo prácticas agroforestales valiosas para todo el planeta. Queremos revolucionar la forma en que se financia a la agricultura en las economías emergentes, retribuyendo además a los micro agricultores por todos los beneficios medioambientales que generan.
- EthicHub conecta a pequeños agricultores con inversores de todo el mundo. ¿Qué historias te han marcado en este viaje?
Me ha gustado mucho ver a las familias orgullosas de saber que su café se conoce por su gran calidad, algunas veces incluso con sus nombres y apellidos. Esto les anima a seguir trabajando en mejorar constantemente su calidad, porque ya no termina mezclado con cafés mediocres, como ocurre en los mercados convencionales. Saber que cuentan con apoyo para seguir produciendo les da sentido del mañana para planear y organizar su futuro. También me ha gustado mucho oír a tostadores, después de visitar las comunidades, decir que ya no hay vuelta atrás, una vez que conoces la realidad de la producción del café.
- Vienes del mundo rural, conoces la tierra y sus dificultades. ¿Cómo ha influido eso en tu forma de trabajar con la tecnología?
Este ha sido uno de los grandes retos pero también un superpoder: entender la diferencia de velocidad entre lo digital y el mundo físico de la naturaleza, con sus propios ciclos anuales ajenos a los algoritmos. Hemos aprendido a gestionar esta discrepancia, diseñando los modelos económicos para que haya circularidad todo el año, integrando toda la cadena de suministros (cosecha, procesos, logística, etc).
- Estás metida en un mundo que sigue siendo muy masculino. ¿Te has sentido infravalorada o fuera de lugar en algún momento?
Soy consciente de que puedo considerarme afortunada por no haber vivido situaciones laborales incómodas por ser mujer. Me siento como pez en el agua cuando trabajo con mi equipo. Estamos muy bien integrados y nos complementamos bastante, pero procuramos tener presente que esta debería ser la norma, y estamos comprometidos con seguir avanzando en la equidad de género. Hemos participado en programas como ProMujer y LeFil que nos han aportado más perspectiva sobre el problema.

- Si pudieras hablar con una niña de una comunidad cafetalera que aún no tiene internet, ¿qué le dirías?
Que el mundo está cambiando muy rápido pero lo importante no cambia. Que la tecnología es una herramienta valiosa que hay que saber usar para bien, para sacarle partido, para mantenerse comunicada con su familia y sus seres queridos… Que muy pronto todos tendremos conectividad y hay que prepararse para que esto signifique mayor prosperidad y bienestar en vez de enajenación. Pero eso ya no le toca gestionarlo a la niña sino a sus mayores 😉 Los niños a jugar.