Física especializada en detectores nucleares, hoy Elena Ceballos Romero trabaja junto a la NASA en dos proyectos cuyos protagonistas son los océanos. ¡Descubre más sobre ella y su trabajo!


¿De qué trata el programa EXPORTS y el proyecto OTZ (Ocean Twilight Zone) en el que trabajas junto a la NASA? ¿Cuál es tu papel en esta aventura?

Los océanos son los pulmones de la Tierra: en la superficie captan dióxido de carbono sobrante de la atmósfera, donde el fitoplancton usa la luz del sol para transformarlo en materia orgánica que se hunde hacia el fondo marino por efecto de la gravedad. Gran parte de esta materia orgánica es destruida en la zona crepuscular del océano (twilight zone en inglés), la zona en la que no penetra la luz, que se extiende entre 200 y 1000 metros de profundidad. No obstante, cierta cantidad de materia orgánica sobrevive en su camino hacia el fondo del océano y logra hundirse por debajo de los 1000 metros, donde queda secuestrada en escalas de tiempo que van de meses a milenios, lo que ayuda a regular el clima de la Tierra. 

Cuantificar el carbono que se hunde desde la superficial oceánica al océano profundo es muy importante para entender la actual capacidad de los océanos como pulmones en la Tierra, estimar cómo será el día de mañana, cuando haya otras condiciones en la tierra, como mayores niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, y predecir el clima futuro.

El programa EXPORTS pretende ser capaz de predecir el carbono que se almacena en el océano profundo a partir de datos medidos con satélites que la NASA tiene en funcionamiento. Hoy en día, estos satélites miden la temperatura superficial de los océanos y su color, a partir del cual se estima la cantidad de fitoplancton que florece al llegar la primavera y la cantidad de materia orgánica que este fitoplancton produce. Pero no somos capaces de estimar la cantidad de carbono que se hunde desde la superficie al océano profundo y queda almacenado a partir de estos datos. Para ello, primero es necesario entender perfectamente cómo se comportan los océanos ahora y cómo ocurren los procesos involucrados en el secuestro de carbono en el océano profundo. Por ello, la NASA ha financiado el proyecto EXPORTS, que ha incluido dos grandes campañas oceanográficas para que fuéramos a medir lo que estaba ocurriendo en el océano.

Por otro lado, el proyecto OTZ (Ocean Twilight Zone), liderado por la Woods Hole Oceanographic Institution – WHOI (Massachusetts, Estados Unidos) se centra en desentrañar todos los misterios de la zona crepuscular del océano. Esta zona es la región más vasta del océano y supone el 60% de la superficie del planeta. Alberga la mayor cantidad de fauna del planeta y es una importante fuente de alimento para muchos animales marinos, incluidas especies pesqueras muy importantes. También juega un papel importante, aunque poco estudiado, en la extracción de carbono de la atmósfera. Sin embargo, como esta zona está en completa penumbra, es la zona más inexplorada del planeta. Apenas tenemos conocimiento de las criaturas que la habitan y los procesos que tienen lugar en ella. El proyecto OTZ tiene como objetivo obtener información detallada sobre el funcionamiento interno de la zona crepuscular para ayudar a los líderes gubernamentales y a los legisladores a desarrollar estrategias basadas en la ciencia para protegerla sin dejar de aprovechar sus recursos.

Mi papel en esta aventura consiste en cuantificar de manera muy precisa el carbono que almacenan los océanos. Obtener estas cifras con exactitud es tremendamente complicado por la gran cantidad de procesos involucrados en el secuestro de carbono. Cuando se habla del efecto global que tiene el océano moviendo dióxido de carbono en la atmósfera, los números bailan entre 5000 millones de toneladas hasta los 21 millones de toneladas de carbono anuales, lo cual es una incertidumbre enorme. Yo me dedico a reducir la incertidumbre de estos números, a estimar con más exactitud el carbono que se hunde dentro del océano.

Explícanos cómo fue el proceso para conseguir entrar en el equipo de investigación.

Estudié la carrera de Física y me especialicé en detectores nucleares durante el máster. Después decidí dar el salto a la Física aplicada a los océanos como proyecto para mi tesis de Doctorado. El salto al mundo de la oceanografía supuso un cambio muy grande con respecto a mi formación previa, por lo que mi tesis fue bastante larga: duró seis años. Como fue un proceso tan largo aproveché para hacer varias estancias de investigación en el extranjero, siendo la última de ellas en Estados Unidos, en el WHOI. Desarrollé una muy buena relación, tanto profesional como personal, con mi supervisor, el prestigioso químico marino Ken Buesseler y uno de los científicos líderes de EXPORTS y OTZ. Fue él quien me propuso formar parte de los equipos de investigación de estos proyectos como investigadora postdoctoral. Me pareció una magnífica idea y escribí varios proyectos de investigación para solicitar financiación para mi participación. Conseguí financiación de Estados Unidos y de la Comisión Europea para realizar una investigación de 4 años de duración sobre la zona crepuscular del océano, que comenzó el pasado mes de mayo con la recogida de muestras durante la campaña oceanográfica financiada por la NASA. 

¿Cómo puede ayudar este proyecto a luchar contra la crisis climática?

El conocimiento siempre es poder, aun cuando las aplicaciones de nuevos estudios no sean siempre obvias o inmediatas. El problema de la crisis climática es muy complejo porque afecta al sistema terrestre de manera global, es decir, a una cadena de procesos muy grande. Por lo que su lucha debe ser también compleja, en el sentido que debe aunar fuerzas desde muchas disciplinas y perspectivas diferentes. Los océanos son un agente crucial en el ciclo global del carbono y el clima terrestre y, por tanto, en la crisis climática. Cuanto mejor sea nuestro conocimiento del funcionamiento de los océanos, mejor serán las soluciones que podamos plantear para la lucha y mitigación de la crisis climática y para el desarrollo de estrategias de futuro sostenibles. 

Como ya sabemos, el calentamiento global que ha desatado la actual crisis climática se debe a los niveles de dióxido de carbono tan altos que hay en la atmósfera, resultado de las emisiones humanas. Actualmente, se contemplan varias estrategias para la mitigación del cambio climático. Una de ellas es utilizar el poder de los océanos como sumidero de carbono para intentar remover el dióxido de carbono que sobra de la atmósfera. Para ello, se necesitaría que los océanos retiren cerca de 20000 millones de toneladas de carbono anuales de la atmósfera. Pero hay que tener en cuenta que los océanos son sumidero de forma natural. Es decir, forzar su capacidad de secuestrar carbono tiene consecuencias negativas para ellos: las masas de agua se están estratificando, lo cual afecta a la distribución de nutrientes y las cadenas tróficas marinas y limita la producción de materia orgánica por el fitoplancton; y se están acidificando (es decir, están reduciendo su pH, tendiendo a ácido), y lo vemos, por ejemplo, en la decoloración de los corales. También está el problema del deshielo de los polos, donde esa agua dulce, que no salada, entra al océano en cantidades muy grandes pudiendo llegar a revertir las corrientes marinas, que son las que rigen el clima en la Tierra. No sabemos hasta qué punto podemos explotar esta capacidad de sumidero de los océanos sin que se revierta el proceso y puedan empezar a expulsar el carbono que tienen acumulado. Los proyectos EXPORTS y OTZ esperan arrojar luz sobre estas cuestiones para desarrollar estrategias de lucha contra la crisis climática que no pongan en mayor peligro ecosistemas tan preciados y cruciales para la vida en la Tierra tal y como la conocemos.

¿Crees que en un futuro cercano podremos ver no solo una mayor concienciación si no también cambios reales para conseguir parar la crisis climática?

Que estamos en el buen camino para conseguir una mayor concienciación estoy convencida y me siento muy optimista. También creo que a lo largo de esta década veremos iniciativas gubernamentales para proteger más y mejor los ecosistemas oceánicos. Pero que vayamos a ver cambios reales para conseguir para la crisis climática es algo que, lamentablemente, no creo que vaya a ocurrir. La ciencia lleva advirtiendo desde los años 70 de los efectos del cambio climático y nos hemos dejado llevar a los niveles actuales. Ya hay conocimiento suficiente que se puede utilizar para tomar decisiones drásticas, pero justificadas, para frenar la crisis climática y se están ignorando. La ciencia llega a tiempo, pero no llega a tiempo el uso que se hace de ella porque la gente que tiene en sus manos el poder para tomar estas grandes decisiones no está por la labor. Ha cambiado el discurso, pero no las acciones. Es por ello por lo que tengo una visión muy pesimista al respecto. Con todo mi dolor, he llegado a la conclusión de que cuanto más estudiemos y más investiguemos, vamos a conseguir muchos avances que beneficiará a ciertas personas en los sitios donde dependen más del océano, pero a nivel global lo único que vamos a hacer es que sea más doloroso lo que va a ocurrir de manera inevitable: la destrucción de la vida en la tierra tal y como la conocemos. Los procesos que se han desatado con la crisis climática ya son imparables. A lo mejor que podemos aspirar es a no empeorar más la situación frenando la emisión de dióxido de carbono de manera continuada y lidiando con el que ya tenemos en la atmósfera. Si seguimos en esta dinámica, lo pondremos todo en peligro.

La conservación de los océanos y la lucha contra el cambio climático son dos de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles de las Naciones Unidas. ¿Qué soluciones crees que se pueden plantear para solucionar estos retos?

Creo que las vías son la protección y la investigación de lo que conocemos y de lo que sabemos que desconocemos. Está previsto que la actividad humana en el océano aumente en los próximos años. El impacto del aumento de la actividad humana en los ecosistemas marinos que ya están comprometidos por la contaminación, la sobrepesca y el cambio climático, hace que la necesidad de una gestión sostenible sea crucial. La actitud que tomemos como sociedad frente a este desafío marcará el rumbo de las próximas décadas en los ámbitos ecológicos, económicos, sociales y regulatorios. El desarrollo de estrategias efectivas de mitigación solo emergerá de una sociedad con acceso a información precisa y transparente. Nuestra labor como científicos debe pasar, por tanto, por investigar los ecosistemas marinos y concienciar a la sociedad acerca del papel imprescindible de nuestros océanos en un futuro sostenible a largo plazo. Creo que solo así lograremos el impulso de políticas de protección.

Cuéntanos cuáles son tus próximos proyectos. 

Del proyecto EXPORTS aún nos queda por delante llevar a cabo el procesamiento de los datos que recogimos en el mes de mayo, su análisis y preparación para publicación y difusión. Esto me mantendrá ocupada unos meses. Por otro lado, durante los próximos cuatro años voy a estar centrada en el proyecto Ocean Twilight Zone (OTZ) de WHOI, donde estamos desarrollando un nuevo aparato de medida para recoger el material orgánico que se hunde y fotografiarlo al mismo tiempo. Dentro del proyecto OTZ yo voy a dirigir un estudio financiado por la Comisión europea llamado IMOS: IMaging Ocean Sinkers for evaluating carbon export fluxes, que tiene como objetivo cuantificar el carbono que se hunde en el océano de manera precisa a partir de imágenes de partículas microscópicas. Como parte de esta investigación habrá múltiples campañas oceanográficas y esperamos obtener muchos datos interesantes que generarán trabajo para varios años. Además, sigo teniendo contacto con la Universidad de Sevilla, con la que sigo colaborando y con la que voy a comenzar un proyecto muy interesante sobre el estudio del secuestro de carbono en el Océano Ártico.

Por último, tengo en mente muchas actividades de divulgación que me gustaría llevar a cabo, especialmente en el campo de fomentar y visibilizar el papel de la mujer y la niña en la ciencia. 

¿Cómo ves el sector de la investigación en España? ¿Te planteas volver en algún momento a desarrollar tu carrera aquí?

La investigación en España la veo muy mal. El sistema establecido no funciona. Hay poca financiación estatal y poco incentivo para dedicarse a la carrera investigadora. Es difícil sacar proyectos adelante y, sobre todo, hacer crecer los grupos de investigación por la falta de recursos. El personal investigador más joven tiene unas condiciones muy precarias a nivel salarial y unas posibilidades de estabilización prácticamente nulas si no se marchan unos años al extranjero. No hay una carrera investigadora definida. Además, la mayor parte de la investigación se lleva a cabo en las universidades, donde también tienes que dedicarte a la docencia y lidiar con una gran cantidad de burocracia, lo cual afecta negativamente a la productividad investigadora. En definitiva, el sistema español exige mucho y da poco. 

No obstante, yo me planteo volver a España y aspiro a desarrollar el resto de mi carrera allí. La financiación que tengo de la Comisión Europea, una beca llamada Marie Curie, tiene retorno a Europa y yo elegí volver a la Universidad de Sevilla, donde me han prometido estabilizarme tras mi vuelta. Por tanto, volver a España vuelvo, en 2024. Me siento optimista acerca de las opciones de futuro que se me puedan abrir tras haber pasado tantos años investigando en el extranjero. Pero soy consciente de que investigar en Estados Unidos es jugar en primera división por la gran cantidad de dinero que se destina aquí para ello. Si en España hubiera la mitad de financiación que hay en Estados Unidos, seríamos completamente pioneros en todo, ya que con la poca inversión que hay, los problemas burocráticos y todas las trabas que nos ponen hay una ciencia muy buena. En estos años voy a aprender cosas maravillosas, establecer nuevos contactos y madurar como investigadora. Volveré con toda mi ilusión con la esperanza de poder devolver a España todo lo invertido en mí, pero si al llegar no tengo medios para hacer crecer mi investigación y formar mi grupo, voy a competir siempre a un nivel muy bajo por culpa de la falta de financiación económica.

Háblanos de las referentes femeninas que has tenido. ¿Consideras que has tenido suficientes? ¿Quiénes han sido?

En mi caso creo que he tenido las suficientes, puesto que mi carrera como mujer en la ciencia se ha desarrollado muy bien hasta el momento. 

A nivel personal, mis grandes referentes siempre han sido mi madre y mi tía, por motivos muy distintos. Mi madre no pudo estudiar por sus circunstancias familiares, pero es una persona con múltiples talentos que podría haber llegado a donde quisiera si le hubieran tocado otros tiempos. Siempre me educó en el feminismo, haciéndome ver la valía de mis aportaciones, animándome en cada paso de mi carrera y transmitiéndome lo importante de trabajar duro para conseguir mis objetivos y labrar mi independencia. Solo como mujer independiente puedes elegir libremente la compañía en tu vida. Mi tía, por el contrario, es la persona más estudiada que conozco. Es admirable, un ejemplo de mujer culta e inteligente a la que me fascinaba escuchar de pequeña y me sigue fascinando de mayor.

Profesionalmente, mis grandes referentes han sido mi profesora de Física de Bachiller, que me dejaba con la boca abierta en clase y me inspiró a estudiar Física para ser como ella, y mi supervisora de tesis, que me transmitió su entusiasmo y su respeto por la ciencia.

Me siento muy afortunada por las grandes mujeres con las que me he cruzado en mi vida y han inspirado mis pasos, creo que mi proyección ha sido muy buena gracias a ellas. 

Piensa en el momento de decidir a qué te querías dedicar. ¿Imaginaste que ibas a trabajar en un proyecto de la NASA?

Jamás pensé que trabajaría en un proyecto de la NASA. De pequeña quería ser astronauta, me fascinaba la idea de las aventuras de explorar el universo, por lo que crecí admirando a la NASA y toda su labor. Cuando la NASA decidió estudiar el océano y me surgió la posibilidad de formar parte del proyecto, ¡no podía creérmelo!

Moraleja: hay que soñar grande, aunque a veces dé miedo. 

Un consejo para las niñas y mujeres que están leyendo esta entrevista y que, como tú, quieren ser investigadoras.

Jamás dudes de tu capacidad. Hay días en los que la sociedad te hará sentir que ese no es tu camino y otros en los que tus miedos e inseguridades te harán dudar de tu valía. En esos días: sé valiente y ahuyenta tus dudas; sé amable contigo misma y dale valor a tus ideas y a todo lo que puedes aportar; sé consciente de que siempre hay mucho por aprender, pero también de todo lo que ya sabes. Vive el momento y disfruta de lo que haces, los frutos de tu esfuerzo llegarán tarde o temprano.  

Algo que te defina: una palabra, una experiencia, un color, un verbo, un adjetivo, un estado de ánimo… y por qué.

Un adjetivo: versátil. Creo que es el adjetivo que mejor me define desde pequeña, tanto por mi manera de ser como por las experiencias que he tenido en la vida. Debido al trabajo de mi padre me mudé varias veces de ciudad siendo pequeña. De mayor, también me he mudado muchas veces por mi trabajo. Por lo que he sido la chica nueva en muchos escenarios distintos. La capacidad de adaptarse a nuevos ambientes y disfrutar de ellos me ha resultado muy útil tanto en mi carrera profesional como en el ámbito personal. Observa tu alrededor e intenta acoplarte a él lo más rápido y mejor posible.